La economía chilena cerraría 2026 con un crecimiento inferior a 1%, en medio de una débil demanda interna, menor actividad minera y un mercado laboral que mantiene una tasa de desocupación superior a 9%.
El Ministerio de Hacienda proyecta una expansión de 0,7%, mientras el Banco Central maneja un rango de entre 0,25% y 0,75%. El economista de la Universidad Diego Portales Juan Ortiz plantea un escenario más bajo, de entre 0% y 0,2%.
Las cifras corresponden a estimaciones y no significan, por sí solas, que Chile se encuentre en una recesión técnica. Víctor Silva, académico de la Universidad de Santiago, recordó que el Imacec de agosto bajó 1% en doce meses, pero la actividad no minera creció 1,4%.
Inflación y empleo
El escenario externo añade presión mediante un petróleo cercano a US$100 y un dólar que se aproxima a $1.000. Los analistas consultados estiman que estos factores podrían encarecer los combustibles y llevar la inflación hacia 5%, con un efecto sobre el valor de la UF.
El economista de la Universidad Adolfo Ibáñez Felipe Berger advirtió que un período prolongado de bajo crecimiento reduciría el avance del PIB y del ingreso por habitante, además de mantener un panorama débil para el empleo.
Luis Conejeros, de Rabbitts Capital, puso el foco en la inversión. Según su análisis, una nueva caída dificultaría la creación de puestos de trabajo en 2027, incluso si la actividad económica repunta.
Deuda pública se acerca al límite prudente
Hacienda proyecta que la deuda pública cerrará 2026 en 42,7% del PIB, mientras el pago anual de intereses supera los US$2.000 millones.
Un escenario sin mayor crecimiento podría llevarla hasta 46,3%, por encima del límite prudente de 45% mencionado en los antecedentes. Ese resultado es una proyección condicionada y no el nivel de deuda actualmente observado.
Ortiz considera que el panorama fiscal podría verse favorecido por mayores ingresos mineros provenientes del cobre y el litio.
Expectativas para 2027
Los analistas citados proyectan una expansión de entre 2% y 3% para 2027. La recuperación dependería de mejores expectativas de inversión y de una menor incidencia de factores internacionales transitorios.


